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Dos investigadores del Laboratorio de Informática e Inteligencia Artificial del Instituto de Tecnología de Massachusetts (Estados Unidos) han desarrollado un prototipo de un gadget que combina grabaciones de audio con datos fisiológicos captados por diversos sensores para mostrar el estado de ánimo que rodea una conversación. El ejercicio, sobre el que han publicado un trabajo, es todavía un experimento a pequeña escala, pero los resultados son prometedores; podrían servir a mucha gente para mejorar su comunicación, acompañar en diversas situaciones sociales e incluso ayudar a personas con problemas de ansiedad o diversos grados de Asperger.

Una primera parte de la tarea consiste en examinar la narrativa de la conversación: qué se dice en ella. Para ello, el gadget, que funciona sobre un Samsung Simband con forma de reloj de pulsera sobredimensionado, analiza el audio mediante un micrófono (aunque en las pruebas se transcribió el texto manualmente, muchos sistemas lo hacen ya de forma automática). Este contenido, el llamado texto natural, pasa por un análisis lingüístico que clasifica las frases en tres grupos: positivas, neutrales o negativas. Esto da una primera pista sobre cuál puede ser el estado de ánimo de la persona.

Pero como todos sabemos no solo es importante lo que se dice sino cómo se dice. Una frase como “vale, gracias” es normalmente positiva pero puede tener connotaciones negativas si se pronuncia con ironía o tristeza, o neutral si se usa con una entonación distinta. Por esta razón se analizan otros datos fisiológicos complementarios en el análisis.

El dispositivo cuenta con varios sensores: movimiento, electrocardiograma, oxímetro, giroscopio, impedancia, respuesta galvánica y temperatura de la piel, algo más o menos común en muchos smartwatches hoy en día. También se examina el volumen o “energía” de la voz. Estos datos son muchos y se capturan como un flujo de información a intervalos de cinco segundos (el mínimo para que tengan sentido). A lo largo del tiempo se examina su promedio, mediana y varianza.

Para el experimento se contaba con muchísimos datos en bruto, tantos que era complicado analizarlos de forma útil. De modo que se realizaron pruebas para seleccionar los cinco parámetros más relevantes, utilizando un modelo matemático que clasificada los valores según su capacidad de acierto respecto a cada conversación con la que se entrenó el sistema. En total se utilizaron más de 30 narrativas de algo más de dos minutos cada una.

Con todos estos datos, cuando el dispositivo está en funcionamiento una red neuronal realiza el proceso de cálculo predictivo cuando se alimenta con nuevos datos. En otras palabras: puede explicar lo que está pasando, más específicamente si en cada momento la persona que llevaba el dispositivo estaba alegre o triste.

Los creadores de este gadget creen que algunas personas pueden encontrar interesante contar con un dispositivo que “de forma objetiva mida y comprenda los resultados de las interacciones”, por ejemplo aquellos que padecen de ansiedad o Asperger. No solo porque el dispositivo podría funcionar en tiempo real, sino también porque “permitiría rebobinar una conversación y examinar qué sucedió en cada momento, detectando los momentos en los que los interlocutores se sentían más ansiosos.” Tal y como lo describen sería efectivamente “como llevar un coach personal en el bolsillo”.

Fuente – EL PAÍS